Leishmaniasis en los perros. Causas, contagio y tratamiento con alopurinol

Cuidados del Perro
Leishmaniasis en los perros. Causas, contagio y tratamiento con alopurinol

La Leishmaniasis es una enfermedad causada por un parásito protozoo del género Leishmania. Se trata de una enfermedad zoonótica y mortal. Los perros presentan un alto riesgo de contraerla.

Los principales síntomas de la enfermedad van desde lesiones cutáneas localizadas hasta la linfadenopatía (trastorno de los ganglios linfáticos) o la insuficiencia renal, en caso de que la enfermedad se vuelva visceral, es decir, que afecte a los órganos del perro, lo que sucede en la mayoría de los casos.

El diagnóstico se suele hacer por medio de la serología, con pruebas serológicas cuantitativas como los ensayos de inmunofluorescencia o ELISA como confirmación. Las opciones de tratamiento están marcadas por las directrices de la Organización Mundial de la Salud en las zonas endémicas de enfermedades humanas y por los medicamentos aprobados por la FDA en los Estados Unidos, pero en la mayoría de los casos incluyen el uso combinado de alopurinol con otros fármacos.

El ciclo vital de la Leishmania

La Leishmania es un parásito del género protozooario que completa su ciclo vital en dos huéspedes:

  • Un mosquito que alberga la forma promastigote, que es la forma infecciosa que se transmite al mamífero huésped.
  • Un mamífero, en el que se desarrolla la forma amastigote, que se multiplica en las células infectadas y afecta a diversos tejidos.

El ciclo de vida comienza cuando el mamífero huésped es picado por un insecto vector infectado. El parásito se inocula en su piel y es fagocitado por los macrófagos. Así, se replica la forma intracelular del parásito, que se denomina amastigote. La ruptura de los macrófagos infectados propaga la enfermedad.

Cuando un nuevo insecto se alimenta de la sangre de un mamífero infectado, los amastigotes se transforman en promastigotes en el intestino medio del insecto y migran a su cavidad bucal, para ser inoculados nuevamente a otro huésped, completando el ciclo.

¿Cómo se transmite la Leishmaniasis?

La Leishmaniasis se transmite a través de la picadura de las hembras de la Leishmania.

Se han descrito más de 23 especies de Leishmania, y la mayoría de ellas son zoonóticas, es decir, transmiten la enfermedad. El parásito que más afecta a los animales domésticos es la Leishmania Infantum. Ransminte la enfermedad visceral y es potencialmente mortal en perros y personas.

Los principales vectores de infección son dos mosquitos:

  • Phlebotomus (en Europa, Asia y África).
  • Lutzomyia (en América).

La enfermedad afecta a los vertebrados, principalmente marsupiales, cánidos, roedores y primates.

La transmisión se realiza por medio de dos rutas:

  • La que realizan los mosquitos que actúan como vectores de transmisión.
  • La que se produce del mamífero a sus crías.

Se cree que la forma más común de transmisión de la enfermedad en los perros es mediante la picadura del mosquito que actúa como vector. Si un mosquito pica a un perro infectado y a continuación a un ser humano, puede transmitirle la enfermedad.

Las respuestas inmunitarias del perro en el momento de la infección parecen ser determinantes para saber si la enfermedad se desarrollará y progresará.

El período de incubación varía de unos meses a años. Durante este período, el parásito se extiende por todo el cuerpo del huésped, afectando principalmente a los órganos del sistema hemolinfático.

La edad, raza, genética y nutrición del huésped, así como las enfermedades que pueda tener, pueden influir en la progresión de la enfermedad.

¿Se puede prevenir la Leishmaniasis en los perros?

Los insecticidas tópicos repelentes específicos son muy efectivos para evitar la picadura de estos mosquitos y, por tanto, la transmisión de la Leishmaniasis.

Los collares antiparasitarios con deltametrina, permetrina e imidacloprid también protegen eficazmente contra las picaduras de estos mosquitos. En las zonas endémicas, se recomienda combinar la utilización de los collares con insecticidas protectores.

Debes tener en cuenta que la Leishmaniasis es una enfermedad que existe en toda Europa y de forma endémica en la cuenca mediterránea. Se estima que el 7% de la población canina en España padece la enfermedad.

Actualmente, se han desarrollado vacunas de gran efectividad contra la Leishmaniasis.

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¿Cuáles son los síntomas de la Leishmaniasis en los perros?

La Leishmaniasis canina es una enfermedad multisistémica de espectro variable. En las zonas endémicas, la prevalencia de perros portadores de la infección es mucho mayor que la de los que presentan la enfermedad clínica.

La enfermedad clínica se asocia a una respuesta de anticuerpos que no confiere protección. De hecho, los mecanismos inmunológicos son los responsables de gran parte de la patología de esta enfermedad.

La mayoría de los perros afectados presenta una serie de lesiones cutáneas, como pueden ser:

  •  Hiperqueratosis (engrosamiento y endurecimiento de los tejidos del hocico y almohadillas de los pies).
  • Pérdida de pigmentación de estos tejidos a medida que la enfermedad avanza.
  • Nódulos o bultos duros en la piel y el pelaje, que se ve opaco y quebradizo.
  • Áreas de pérdida de pelo.

Por lo general, el perro manifiesta la forma visceral de la enfermedad, ya que sus órganos se ven afectados. Los síntomas más frecuentes son:

Algunos perros desarrollan también problemas oculares, crecimiento anormal de las uñas, nódulos linfáticos inflamados y un bazo agrandado, que puede derivar en insuficiencia renal. También puede observarse dolor muscular, inflamación de las articulaciones e hinchazón de los testículos.

¿Cómo se diagnostica la leishmaniasis en los perros?

Las pruebas diagnósticas para la leishmaniasis canina incluyen un CBC (conteo sanguíneo completo), un análisis de sangre, un análisis de orina y otras pruebas específicas.

La mayoría de los perros presentan un alto porcentaje de anticuerpos, que pueden ser concluyentes para el diagnóstico. La detección de los anticuerpos se realiza mediante diversas pruebas serológicas.

También se puede detectar el ADN específico del parásito por medio de la PCR, que es una prueba de diagnóstico que permite detectar un fragmento del material genético de un patógeno. Estas pruebas se realizan con ADN extraído de tejidos o sangre.

Otra posibilidad es detectar los amastigotes de la Leishmania mediante una citología de los ganglios linfáticos, el bazo, la piel, la médula ósea o fluidos articulares, aunque esta prueba no ofrece resultados muy positivos. Los parásitos de la Leishmania también pueden verse en secciones de biopsia de la piel u otros órganos infectados.

Si el perro no presenta enfermedad clínica pero es portador, la detección de la infección puede requerir una PCR cuantitativa, ya que es la técnica de diagnóstico más sensible.

En zonas altamente endémicas, las tasas de infección pueden alcanzar al 65-80% de los perros. De ellos, solamente el 10-13% presentarán síntomas clínicos, el 26% serán seropositivos y un 40-60% son portadores positivos solo por la PCR de tejidos.

Tratamiento de la Leishmaniasis en los perros

La mayor eficacia en el tratamiento de la Leishmaniasis la ofrece la combinación de antimoniales o miltefosina con el alopurinol.

  • El tratamiento más habitual consiste en la administración de antimoniato de N-metilglucamina (no autorizado para su uso en perros en los EEUU) combinado con alopurinol.
  • El alopurinol también se puede utilizar como agente terapéutico único.
  • Otros tratamientos utilizan miltefosina, que también puede combinarse con alopurinol, y constituye una alternativa al antimoniato de N-metilglucamina.

Los perros tratados pueden seguir siendo portadores de la infección y volver a recaer.

El tratamiento con alopurinol se suspende cuando desaparecen los síntomas clínicos, las anomalías hematológicas y bioquímicas del suero vuelven a la normalidad y el perro demuestra ser seronegativo mediante una prueba serológica. Esto puede implicar un tratamiento de por vida.

Los tratamientos de apoyo incluyen soporte de fluidos intravenosos, dietas especiales y antibióticos si las lesiones de la piel están infectadas.

Las lesiones cutáneas solitarias se pueden extirpar quirúrgicamente.

La miltefosina en el tratamiento de la Leishmaniasis canina

Es un medicamento muy utilizado para tratar la Leishmaniasis en los perros. En un 91-95% de los casos se observa mejoría. Sin embargo, no elimina totalmente al parásito, aunque se observa una importante y progresiva reducción de su concentración en los ganglios linfáticos. El perro puede experimentar recaídas.

Su eficacia mejora con el uso combinado del alopurinol. Parece ser que esta combinación tiene la misma eficacia que la combinación del alopurinol con sales antimoniales. Sin embargo, aparecen algunos efectos secundarios menores, como vómitos y diarreas.

Aún está en investigación la posibilidad de que algunas cepas desarrollen resistencia.

Las sales de antimonio en el tratamiento de la leishmaniasis canina

La más utilizada es el antimoniato de N-metilglucamina. Da buenos resultados en un 75% de los casos, pero solamente se muestra mejoría clínica y la infección no se elimina totalmente. Presenta algunos efectos secundarios, como dolor, abscesos y cojera, y si el perro presenta problemas renales, puede ocasionar problemas.

Las sales antimoniales son parasiticidas, es decir, producen la muerte del parásito, al bloquear la replicación de su ADN.

El alopurinol en el tratamiento de la leishmaniasis canina

Se utiliza como coadyuvante o como tratamiento único cuando no es posible utilizar sales antimoniales o miltefosina. Tiene pocos efectos secundarios, como diarrea y cristaluria.

Es un compuesto parasitostático, por lo que la eliminación del parásito se produce más lentamente, pero su combinación con las sales de antimonio o la miltefosina es altamente eficaz.

En la mayoría de los casos, los perros experimentan una remisión clínica, pero por lo general no se elimina totalmente el parásito. Durante el tratamiento con alopurinol, los perros pueden sufrir una recaída de la enfermedad y en estos casos, el parásito se muestra más resistente al tratamiento.

Esta resistencia al alopurinol ha sido demostrada tanto en los promastigotes como en los amastigotes axénicos (provenientes de una única cepa) e intracelulares.

La resistencia al alopurinol es preocupante, pues puede aumentar la transmisión de la enfermedad a los seres humanos y a otros perros, ya que los perros infectados que son picados por estos mosquitos contribuyen a la rápida transmisión de la enfermedad.

¿La leishmaniasis es grave en los perros?

El pronóstico para un perro diagnosticado con leishmaniasis es reservado y puede ser muy grave. La mayoría de los perros sufren insuficiencia renal y la enfermedad puede ser mortal.

Debes tener en cuenta que los perros pueden ser portadores de la infección y transmitirla a los humanos. Acude con urgencia al veterinario si crees que tu perro podría sufrir leishmaniasis.

¿Es efectiva la vacuna contra la leishmaniasis canina?

Actualmente existen vacunas contra la Leismaniasis, que estimulan el sistema inmunológico del perro. Parece ser que el 93% de los perros vacunados están protegidos contra la infección.

Para vacunar a un perro contra la Leishmaniasis, debe ser mayor de 6 meses y hay que confirmar que no ha contraído ya la enfermedad, mediante un análisis de sangre.

Si ya ha sido vacunado el año anterior, no es necesario realizar esta prueba.

Hay que tener en cuenta que el sistema inmunológico del perro tardará unas 10 semanas en adquirir inmunidad activa.

Los efectos secundarios de la vacuna son similares a los de la polivalente. Es posible que se produzca algo de dolor en la zona durante las 48 horas siguientes, pero se combate con la administración de un antiinflamatorio. Durante las dos semanas siguientes, podría observarse inflamación, nódulos sensibles o enrojecimiento en la zona de inyección.

Algunas razas son especialmente reactivas a la vacuna, como el Bichón, el Chihuaua, el Yorkie u otros perros de raza pequeña.

En España existen dos vacunas contra la leishmaniasis, con diferentes principios activos:

  • Canileish® (laboratorios Virbac). Contiene proteínas secretadas y excretadas de Leishmania infantum y extracto purificado de Quillaja saponaria (adyuvante). Tras la inyección, algunos perros pueden presentar reacciones locales leves y temporales, reacciones alérgicas y otros posibles signos como apatía, hipertermia y trastornos digestivos. Los beneficios de la vacuna superan a los riesgos. La vacuna implica la administración de tres inyecciones, con un intervalo de tres semanas en cada dosis. Para mantener el efecto, es necesaria una revacunación anual.
  • Letifend® (laboratorios Leti). Su principio activo es la Proteína Q, obtenida mediante la combinación de cinco fragmentos altamente antígenos, fusionados y clonados en E. coli, desde cuatro proteínas de Leishmania infantum. No necesita adyuvante para potenciar el sistema inmune, por lo que se minimizan las reacciones adversas. Solo requiere una dosis y también hay que realizar una revacunación anual.

Ambas vacunas están diseñadas para lograr una respuesta inmune rígida, eficaz y con un elevado nivel de seguridad. Consulta a tu veterinario acerca de la administración de la vacuna a tu perro.

Conclusiones

  • La leishmaniasis canina es una enfermedad zoonótica que puede resultar mortal para tu perro.
  • La enfermedad es causada por un protozoo denominado Leishmania, del que se conocen hasta 23 especies diferentes.
  • Se transmite mediante la picadura del mosquito Phlebotomus o del Lutzomyia.
  • Los perros pueden transmitir la enfermedad a sus cachorros.
  • Los seres humanos también podemos contraer la enfermedad si nos pica un mosquito que ha picado previamente a un perro infectado.
  • La cuenca mediterránea es una zona endémica de la enfermedad.
  • La utilización de collares antiparasitarios específicos y el uso de insecticidas apropiados ha demostrado ser eficaz en la prevención de la enfermedad.
  • Actualmente, existen vacunas con alto nivel de eficacia. En España se comercializan la Canileish® y la Letifend®
  • La enfermedad es muy grave, por lo que si tienes alguna sospecha de que tu perro pueda padecerla, es importante que acudas rápidamente a tu veterinario.
  • El tratamiento más efectivo combina la utilización de alopurinol con miltefosina o con sales de antimonio.
  • Sin embargo, no es 100% eficaz y es posible que tu perro deba seguir el tratamiento de forma vitalicia.

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