Hepatitis canina. Síntomas y tratamiento

Cuidados del Perro
Hepatitis Canina. Síntomas Y Tratamiento

La hepatitis infecciosa canina es una enfermedad muy contagiosa causada por el adenovirus canino tipo 1 (CAV-1). Aunque, gracias a los efectivos protocolos de vacunación, no se trata de una enfermedad muy frecuente, de vez en cuando se producen brotes y hay que tomar las medidas adecuadas para evitar el contagio.

Los perros pueden contraer también la denominada hepatitis común, que es causada por la ingestión de sustancias tóxicas, o bien por la acumulación anormal de sustancias que en principio serían beneficiosas, como el cobre.

Una tercera posibilidad es que tu perro padezca una hepatitis autoinmune, en la que es su propio sistema inmunológico quien ataca a las células del hígado, causando inflamación y necrosis.

Diferencias entre una hepatitis crónica y una hepatitis aguda

En la hepatitis crónica, la enfermedad se desarrolla a largo plazo. En cambio, la hepatitis aguda se desencadena muy rápido y probablemente dure solo unos días. Algunos casos de hepatitis aguda pueden ser curados.

Si tu perro sufre hepatitis crónica, quiere decir que su hígado está inflamado, debido a la infiltración de glóbulos blancos que se encuentran activos en el sistema inmunológico. Esta inflamación puede progresar y complicarse con una cirrosis o una necrosis (muerte celular). Por lo general, la hepatitis crónica no tiene cura, pero con un tratamiento sintomático y un control adecuado del estado del perro, éste puede tener una buena calidad de vida sin apenas síntomas.

Qué es la hepatitis infecciosa canina y cuáles son sus síntomas

  • La hepatitis infecciosa canina es una enfermedad viral muy contagiosa causada por el adenovirus de tipo 1, también conocido como CAV-1.
  • Gracias a las vacunas, esta enfermedad, que se observa también en cánidos salvajes y otros animales, como osos y zorros, se ha vuelto poco frecuente en los perros. Sin embargo, existen brotes periódicos y la mayoría de casos se produce en cachorros que aún no han sido vacunados.
  • Tras la exposición al virus, éste se multiplica en los tejidos del perro y se libera en todas las secreciones corporales. Durante esta etapa, se vuelve muy contagioso y puede extenderse la infección a otros perros que entren en contacto con la orina, heces y saliva del perro enfermo, (por ellos es muy importante no dejar que el perro coma los excrementos que se encuentra por la calle).
  • Entre 4 y 9 meses después de comenzar la recuperación, el virus puede seguir liberándose en la orina del perro, por lo que la enfermedad continúa propagándose.
  • La hepatitis infecciosa afecta al hígado, los riñones y el revestimiento de los vasos sanguíneos, produciendo al principio una infección leve, que evoluciona rápidamente hasta alcanzar fatales consecuencias.
  • La hepatitis infecciosa canina no es contagiosa para los seres humanos.

¿Cuáles son los síntomas de la hepatitis canina?

Los síntomas más frecuentes de la hepatitis canina incluyen:

En caso de infección grave, el perro parece enfermar de repente, presentando diarrea sanguinolenta y colapsos. La muerte puede producirse en pocas horas, por lo que se recomienda acudir urgentemente al veterinario ante cualquier sospecha de hepatitis.  Los cachorros pueden morir sin presentar síntomas evidentes de la enfermedad.

A los perros con infección aguda les sube la fiebre hasta 41ºC, rechazan la comida, sufren diarrea sanguinolenta y a veces vomitan sangre. Estos perros tienen el vientre encogido, debido a la dolorosa inflamación del hígado.

Puede darse una hemorragia espontánea por debajo de las encías y la piel.

El blanco de los ojos puede volverse amarillo (ictericia). La luz puede resultar muy molesta para estos perros, que muestran lagrimeo y estrabismo.

Aproximadamente el 25% de los perros que se recuperan de una hepatitis infecciosa canina presentan una característica nube u opacidad en la córnea de uno o de los dos ojos conocida como ojo azul o, más técnicamente, queratitis intersticial. En la mayoría de los casos, desaparece en unos días.

En algunos casos, los perros exhiben un comportamiento extraño, se muestran depresivos o agresivos, presionan la cabeza contra las paredes, se colocan de pie en las esquinas o incluso, aunque con poca frecuencia, sufren pérdida de conciencia, convulsiones y coma.

Algunas veces, los análisis rutinarios pueden conducir a la sospecha de la existencia de la hepatitis, y ser diagnosticada antes de que el perro desarrolle síntomas.

Cuando se producen los síntomas, la enfermedad suele estar en una etapa muy avanzada, ya que el hígado tiene una gran capacidad de reserva y enmascara las etapas tempranas de la enfermedad.

Qué es la hepatitis autoinmune

Denominamos hepatitis autoinmune a un grupo de enfermedades hepáticas que parecen tener una base autoinmune. Es decir, el sistema inmunológico del perro produce anticuerpos contra su propio hígado, provocando un proceso inflamatorio que progresa hasta derivar en insuficiencia hepática. Se trata de una enfermedad idiopática, es decir, se desconoce la causa que provoca esta reacción autoinmune.

El tratamiento comprende el empleo de corticoesteroides e inmunosupresores.

Algunos perros responden bien y pueden retirárseles los medicamentos, mientras otros requerirán medicación de por vida.

Los perros que no responden al tratamiento suelen tener cirrosis en etapas avanzadas de la enfermedad.

Mi perro sufre hepatitis relacionadas con acúmulos de cobre. ¿Qué es?

Algunas razas están más predispuestas que otras a contraer este tipo de hepatitis, relacionada con la presencia de altas concentraciones de cobre en el hígado:

  • Doberman Pinscher
  • Bellington Terrier
  • West Highland White Terrier
  • Skye Terrier.

En los ejemplares de Bellington y en los Westies existe un defecto hereditario en el metabolismo del cobre que permite la acumulación en el hígado de concentraciones tóxicas de este metal.

En el caso del Doberman y el Skye Terrier, no está claro si los altos niveles de cobre son la causa o la consecuencia de la hepatitis. Por lo general, puede decirse que, cuanto más alta sea la concentración de cobre, más probabilidad hay de que la causa sea el metal y no la hepatitis.

El diagnóstico de esta enfermedad implica análisis de sangre, ecografías y tomografías, pero la prueba definitiva es la biopsia de hígado.

El pronóstico de recuperación depende del tiempo que el perro haya estado enfermo, de la extensión de la lesión hepática y de si la enfermedad puede curarse quirúrgicamente o controlarse con medicamentos.

El tratamiento varía según la raza afectada. Pueden administrarse medicamentos que extraigan el cobre del hígado trasladándolo al torrente sanguíneo, desde el cual es excretado a través de la orina. La absorción de cobre puede disminuirse administrando productos de zinc por vía oral, que compiten con el cobre en el intestino.

Los ejemplares con defectos hereditarios en el metabolismo del cobre no deben emplearse para cría.

¿Qué puedo hacer si mi perro presenta síntomas de hepatitis?

Es muy importante que acudas inmediatamente a tu veterinario si tu perro presenta síntomas que puedan corresponder a una hepatitis.

La biopsia de hígado es la única forma definitiva de diagnosticar la hepatitis crónica. A través de esta biopsia, se obtiene la información que permite determinar el tipo de enfermedad hepática que padece tu perro, así como su gravedad.

En algunos casos, el veterinario podrá recomendar aspiraciones guiadas por ultrasonido del hígado de tu perro bajo sedación leve, como procedimiento inicial, antes de considerar la posibilidad de realizar pruebas más invasivas.

Aunque la prueba definitiva es la biopsia, se puede sospechar una enfermedad hepática por una hepatitis crónica a partir de los análisis de sangre, los síntomas que presenta el perro y un examen físico realizado por el veterinario.

Las técnicas de imagen como las radiografías (rayos X) y el ultrasonido abdominal también se utilizan comúnmente para evaluar el tamaño y el aspecto del hígado.

¿Cuál es el tratamiento para la hepatitis
canina?

Generalmente, la hepatitis canina no tiene cura. Pero muchos perros pueden tener una buena calidad de vida relativamente libre de síntomas con un tratamiento continuado y los controles necesarios. Tendrás que realizar análisis de sangre con regularidad para evaluar la respuesta de tu perro al tratamiento y ajustar los medicamentos.

El tratamiento para la hepatitis canina es sintomático y de apoyo. Los objetivos del tratamiento son limitar las infecciones bacterianas secundarias, controlar el equilibrio de fluidos y controlar las tendencias hemorrágicas, así como aliviar los síntomas que sufre tu perro.

Se administran antibióticos de amplio espectro para controlar las infecciones bacterianas secundarias. Para equilibrar los fluidos, podrán administrar a tu perro soluciones electrolíticas equilibradas por vía intravenosa. Algunas veces, es necesario realizar una transfusión de sangre o plasma. Los casos agudos requieren hospitalización.

Aunque la opacidad transitoria de la córnea, también denominada “ojo azul”, no suele requerir tratamiento, una pomada oftalmológica aliviará los síntomas dolorosos asociados a ella. Los perros con nubes en la córnea deben ser protegidos contra la luz brillante, ya que les molesta mucho.

Por lo general, tu veterinario te recetará medicamentos inmunosupresores o antiinflamatorios.

En casos específicos, como la hepatitis asociada a la acumulación de cobre, perros que presenten acumulación de líquido en el abdomen o aparición de signos neurológicos, se administrarán medicamentos adicionales.

Además de tratar la enfermedad hepática, es importante controlar y prevenir complicaciones, como la encefalopatía hepática y las hemorragias de hígado.

Tu veterinario controlará también que los niveles de amoníaco en sangre se mantengan bajos y la coagulación de la sangre.

Asimismo, tratará de prevenir las convulsiones y otros efectos adversos de la enfermedad.

Es posible que tengas que administrar antiácidos a tu perro para prevenir la aparición de úlceras gástricas y duodenales.

También es probable que tu veterinario te recomiende una dieta especial para la insuficiencia hepática. Estas dietas son bajas en proteínas, para evitar sobrecargar el hígado.

¿Existe vacuna para la hepatitis?

La vacunación es un medio muy eficaz para prevenir la hepatitis vírica. Existen vacunas inyectables de virus vivos modificados que contienen CAV-2. Esta vacuna protege contra la hepatitis canina y contra dos de los adenovirus implicados en la tos de las perreras (CAV-1 y CAV-2).

Antes, las vacunas contra la hepatitis contenían virus atenuados de tipo 1 (CAV-1), pero provocaban que se nublase la ventana transparente del ojo, produciendo lo que se denomina queratitis intersticial u “ojo azul”. Además, el virus se eliminaba en la orina.

Por estas razones, actualmente se opta por utilizar una vacuna que utiliza cepas de adenovirus de tipo 2 (CAV-2) atenuados. Estas vacunas proporcionan una protección cruzada contra el CAV-1, no provocan la opacidad de la córnea y el virus no se elimina en la orina.

Actualmente, la vacuna de la hepatitis se incorpora dentro de la tetravalente DHPP (moquillo, que en inglés es Distemper, Hepatitis, Parvovirus y Parainfluenza). Esta vacuna se administra entre las 8 y 12 semanas de vida y nuevamente a las 16 semanas de vida. Las madres pasan sus anticuerpos a los cachorros a través de la lactancia, manteniéndolos inmunes hasta las 9-12 semanas de edad.

Aunque la inmunidad inicial puede persistir durante más de tres años, se recomienda vacunar anualmente a los perros.

Conclusiones

  • La hepatitis es una enfermedad que provoca la inflamación del hígado y puede ser de diferentes tipos.
  • La hepatitis infecciosa está causada por el adenovirus CAV-1.
  • La hepatitis común se debe a la ingestión de sustancias tóxicas o a la acumulación anormal de sustancias como el cobre.
  • La hepatitis autoinmune se debe a que el sistema inmunológico del perro ataca al hígado.
  • La hepatitis puede ser crónica o aguda.
  • La hepatitis infecciosa canina está bien controlada gracias a los protocolos de vacunación.
  • La hepatitis infecciosa es muy contagiosa y se transmite por contacto con los fluidos del perro enfermo.
  • Algunas razas están más predispuestas que otras a sufrir hepatitis por acumulación de cobre.
  • Para diagnosticar la hepatitis es necesario hacer una biopsia de hígado.
  • El tratamiento es sintomático y de apoyo, ya que la enfermedad, por lo general, no tiene cura.
  • Acude urgentemente al veterinario si sospechas que tu perro puede tener hepatitis.
  • La vacuna contiene una cepa atenuada del CAV-2, ya que proporciona una protección cruzada contra el CAV-1 sin provocar opacidad de la córnea ni eliminar el virus en la orina.
  • La vacuna se administra junto a la tetravalente y se repite la vacunación anualmente, aunque se cree que la inmunidad puede durar más de tres años.

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